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Patio del Trabajo. Segundo nivel


M�sica. Diego Rivera, 1928. Fresco 4.45 * 3.33 m
Música
Diego Rivera, 1928
Fresco 4.45 × 3.33 m

Música

El artista recrea la música con los ecos de la naturaleza emanados del canto de siete aves posadas en el follaje de un árbol, el murmullo del agua que brota de un manantial y notas melódicas interpretadas por una esbelta mujer con su flauta. Esta escena se complementa con una serpiente mordiéndose la cola a manera de eclipse.

El mural simboliza la armonía de voces unidas en un mismo canto que claman sus más nobles pensamientos para elevar su espíritu y perpetuar la esencia de sus ideales.


Cuauht�moc. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.91 * 1.33 m
Cuauhtémoc
Diego Rivera, 1924
Fresco 3.91 × 1.33 m

Cuauhtémoc

La figura central de esta obra personifica a Cuauhtémoc, “águila que desciende”, último huey tlatoani de la civilización mexica y defensor aguerrido en el sitio de México-Tenochtitlan en 1521, razón por la cual el autor lo plasma con una honda entre sus manos, arma que empleó hábilmente. Junto a sus pies, las mujeres portan en su regazo el fuego con el que lo torturaron y la soga que sirvió para ahorcarlo.

Debido a su valor y entrega, Cuauhtémoc trasciende en el tiempo como símbolo de resistencia contra la injusticia.


Felipe  Carrillo Puerto. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.91 * 1.33 m
Felipe Carrillo Puerto
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.91 × 1.33 m

Felipe Carrillo Puerto

En este mural se plasma la imagen del Benemérito de Yucatán, Felipe Santiago Carrillo Puerto: periodista, político y luchador social, quien desde muy joven defendió los derechos de los indígenas mayas. Aparece con una herida de bala en el pecho, símbolo de que las fuerzas delahuertistas lo fusilaron. Las mujeres a sus pies portan mazorcas y fibras de henequén, principales emblemas de la lucha emprendida para beneficio de esta región.

La mirada serena de este mártir revolucionario recuerda la entereza de un pueblo que se entrega sin reservas para lograr el bien común.


Emiliano Zapata. Diego Rivera, 1924. Fresco 3.91 * 1.32 m
Emiliano Zapata
Diego Rivera, 1924
Fresco 3.91 × 1.32 m

Emiliano Zapata

Rivera representa a Emiliano Zapata, comandante del Ejército Libertador del Sur, envuelto en un lienzo rojo, colocado en la parte superior de su cuerpo a manera de cabestrillo, señal inequívoca de la pérdida de su amigo y compañero de armas, Otilio Montaño, cuya sentencia de muerte firmó el Caudillo del Sur. Las mujeres sentadas a sus costados portan entre sus manos trigo, maíz y ofrendas de la tierra.

La escena en su conjunto remite a la sangre de los héroes regada en la tierra fértil, abonada por los ideales que fructifican mediante el esfuerzo del hombre.


Otilio Monta�o. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.91 * 1.34 m
Otilio Montaño
Diego Rivera, 19288
Fresco 3.91 × 1.34 m

Otilio Montaño

El profesor Otilio Edmundo Montaño Sánchez, colaborador cercano de Emiliano Zapata, fue pieza fundamental en la lucha agraria como redactor del Plan de Ayala.

En este fresco aparece con un pañuelo blanco que ciñe su cabeza. En actitud apacible, las mujeres sostienen entre sus manos el brote de una planta y un libro abierto, símbolos que remiten a la vocación docente de Montaño.

La obra alude al conocimiento, principio transformador que alimenta la mente y el espíritu de los hombres para forjar libremente su destino.


La zandunga. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.92 * 3.81 m
La zandunga
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.92 × 3.81 m

La zandunga

Zandunga significa donaire, gallardía y gracia para conquistar a la gente. En Oaxaca es un himno para los habitantes del Istmo de Tehuantepec.

Al son de la música de la caracola, el hombre y la mujer de esta grisalla bailan con frescura acompañados por las figuras del Sol y la Luna, mudos testigos de la escena.

Todos los elementos simbolizan dualidad y complemento. La pareja unida en la danza celebra la vida en un aliento natural, el cual proporciona vitalidad a los seres humanos.


Tamborilero. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.90 * 1.34 m
Tamborilero
Diego Rivera, 1924
Fresco 3.90 × 1.34 m

Tamborilero

Al inicio de este muro el artista plasma la imagen de un hombre desnudo que porta entre sus manos un tamboril con el cual parece marcar el compás. La escena simboliza el ritmo de la vida que lleva al ser humano a la búsqueda del encuentro consigo mismo, siguiendo la ruta hacia su perfeccionamiento.


La danza del venado. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.90 * 3.65 m
La danza del venado
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.90 × 3.65 m

La danza del venado

Danza ritual que se ejecuta principalmente en las comunidades de yaquis y mayos pertenecientes a los estados de Sonora y Sinaloa, respectivamente. Tiene un sentido mágico-religioso, ya que por medio de ella se encarnan las relaciones de equilibrio entre el hombre y la naturaleza, lo cual constituye una forma de petición y agradecimiento al ser supremo.

En la grisalla muestra el enfrentamiento entre el venado y el pascola, así como a una serpiente que se muerde la cola a semejanza del símbolo del infinito.

La evocación de la danza del venado se convierte en una manifestación espiritual, así como un acercamiento mutuo de convivencia en la búsqueda eterna de la igualdad entre los hombres.


Mujeres. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.90 x 1.35 m
Mujeres
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.901 × 1.35 m
Mujeres. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.94 x 1.34 m
Mujeres
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.94 × 1.34 m

Mujeres

Estas mujeres trascienden en su tiempo y espacio, en la oscuridad de la vida y con la esperanza a su paso. De acuerdo con los elementos que sostienen en sus manos, ofrendan tributos a la existencia, la verdad y la esencia espiritual, los cuales contribuyen a consolidar las aspiraciones del pueblo mexicano.

Ambas imágenes, ubicadas a los costados del mural Fraternidad, complementan el sentido de esa obra, donde la presencia femenina reviste gran importancia, ya que simboliza pureza y conocimiento.


Fraternidad. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.92 * 6.48 m
Fraternidad
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.92 × 6.48 m

Fraternidad

Esta obra abarca la mayor extensión del muro y su ubicación coincide con el oriente, punto cardinal por donde aparece el astro rey.

Al centro de la escena se encuentra la deidad solar, quien con sus largos brazos aparta la oscuridad y remite a un nuevo despertar de la conciencia del hombre; asimismo, funge como testigo de la unión solidaria entre el obrero y el campesino, quienes se estrechan la mano en señal de hermandad.

La composición integra a dos grupos de mujeres: unas llevan en sus manos los frutos de la tierra, símbolos de sabiduría e inmortalidad, y las otras portan flechas y fuego, signos de la renovación y rectitud, atributos con los que se obtendrá la paz y armonía de la sociedad.


La pintura. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.96 * 3.37 m
La pintura
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.96 × 3.37 m

La pintura

En esta grisalla el artista representa a la pintura con una estilizada mujer, quien porta un pincel en la mano y reproduce sobre su cabeza líneas curvas similares a un arcoíris. Asimismo, se integran a la composición una esfera, un cilindro, un cono y un radiante Sol.

La pintura, como mensajera de la creatividad, resguarda y da testimonio del pensamiento y sentir humano que trasciende en el tiempo y espacio.


El escriba. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.97 * 1.51 m
El escriba
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.97 × 1.51 m

El escriba

Los escribas o amanuenses poseían grandes cualidades, como saber escuchar, escribir y leer. Elaboraban manuscritos en los que recopilaban el conocimiento de grandes culturas con relatos históricos, religiosos, anotaciones astronómicas, matemáticas, científicas o genealógicas. Gracias a ellos actualmente se conocen los aspectos relevantes de la antigüedad.

El fresco muestra al escriba de pie, quien sostiene en sus manos una tablilla y una especie de pluma con los que realiza un registro.

La obra se refiere al compromiso adquirido por los hombres, el cual servirá de base y guía para la organización social al dejarlo asentado en sus textos que serán los testimonios de las generaciones venideras.


La escultura. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.92 * 3.25 m
La escultura
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.92 × 3.25 m

La escultura

En este mural Rivera elogia al escultor, quien con apoyo de martillo y cincel, labra en la piedra una figura que rememora la identidad y la esencia de culturas antiguas.

El fresco enfatiza la labor del hombre que, como creador y modelador de su ser, se desprende de lo vano y superfluo para liberar su espíritu del monolito que lo aprisiona.


Las tres gracias (El mantenedor). Diego Rivera, 1928. Fresco 3.90 * 1.30 m
Las tres gracias (El mantenedor)
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.90 × 1.30 m

Las tres gracias (El mantenedor)

En esta imagen, el artista representa a El mantenedor, de pie y con túnica roja, quien preserva y resguarda entre sus manos la luz, síntesis de las acciones encaminadas a sostener el nuevo orden social.

A sus pies se encuentran dos mujeres que acunan y abrazan amorosamente este compromiso, con la esperanza de que crezca y prospere para las futuras generaciones.


Las ciencias (El proclamador). Diego Rivera, 1928. Fresco 3.89 * 2.68 m
Las ciencias (El proclamador)
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.89 × 2.68 m

Las ciencias (El proclamador)

Diego Rivera recrea a un hombre al que nombra El proclamador, quien habla con la verdad y funge como portavoz de la multitud; con actitud firme anuncia los designios que deben cumplirse. Está rodeado por seis personajes, cuatro de los cuales escuchan el manifiesto, atentos y reflexivos.

A sus pies, dos mujeres portan flechas, una antorcha y un arco, elementos que significan la unión de fuerzas transformadoras que fructificarán en beneficio de la humanidad.


Las artes (El distribuidor). Diego Rivera, 1928. Fresco 3.88 * 2.46 m
Las artes (El distribuidor)
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.88 × 2.46 m

Las artes (El distribuidor)

El distribuidor se encuentra acompañado por seis personas, dos de ellas en posición reflexiva portan la hoz y el martillo. Las cuatro restantes parecen implorar la gracia de sus dones al personaje central, a quien le compete organizar y repartir lo que le corresponde a cada quien por derecho.

Mediante los símbolos representados en los murales El mantenedor, El proclamador y El distribuidor, Diego Rivera consolida los ideales y compromisos que el hombre pretende alcanzar para acceder a mejores condiciones de vida.


La arquitectura. Diego Rivera, 1928. Fresco 3.88 * 2.95 m
La arquitectura
Diego Rivera, 1928
Fresco 3.88 × 2.95 m

La arquitectura

El ser humano desarrolló la habilidad e inteligencia para diseñar y edificar importantes construcciones, las cuales guardan en sus muros la memoria histórica de sus habitantes.

En esta obra el autor representa a la arquitectura mediante el personaje que sostiene un compás en la mano izquierda, atributo de las actividades creadoras y del dinamismo constructor. Frente a él se encuentran sólidos bloques de piedra, cimientos para la reconstrucción social.

El mural alude al espíritu creador del hombre ante la materia, quien con base en su conocimiento cristaliza sus ideales y los contempla con serenidad.