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Patio de las fiestas. Planta baja


La danza del venado. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.36 * 4.47 m
La danza del venado
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.36 × 4.47 m

La danza del venado

En el mural Diego Rivera recrea a los habitantes de una comunidad del norte del país quienes presencian la danza del venado, la cual tiene un sentido mágico-religioso de profunda relevancia, pues la eterna lucha del bien y el mal se hace presente con la personificación del venado y el pascola.

El personaje revestido con los atributos de este animal sagrado, mediador entre el hombre y lo divino, simboliza la plegaria para que la semilla sembrada fructifique en abundancia


La cosecha. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.31 * 2.39 m
La cosecha
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.31 × 2.39 m

La cosecha

Según la cosmovisión mesoamericana el maíz dio vida a los hombres, y es la base de la alimentación del pueblo mexicano desde épocas remotas. El cultivo de esta semilla propicia el arraigo del hombre a la madre tierra que durante la cosecha prodiga sus bienes a quienes la trabajan, porque son merecedores de sus frutos y recompensa el esfuerzo de su labor.

En la obra el pintor representa al hombre y el maíz como parte de la misma esencia. En el centro coloca al campesino, a imagen y semejanza de una deidad, quien recibe la devoción de su pueblo por los beneficios otorgados.


La fiesta del maíz. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.14 * 2.38 m
La fiesta del maíz
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.14 × 2.38 m

La fiesta del maíz

Desde las más antiguas civilizaciones, la cruz ha sido considerada un símbolo de comunicación, espiritualidad y guía en la vida del hombre. A partir del cristianismo se le adjudicaron los conceptos de sacrificio y redención.

En este mural se aprecia a la comunidad campesina que, reunida en torno a una cruz elaborada con plantas de maíz y adornada con flores silvestres, celebra a la tierra y agradece la abundancia del fruto recibido, con la convicción y el compromiso que les permitirá proseguir el rumbo para lograr sus ideales de justicia social.


Dotaci�n de ejidos. Diego Rivera, 1923-1924. Frescos 4.17 * 2.40, 4.15 * 2.40 y 4.19 * 2.39 m. Sobrepuertas 1.06 * 3.01 y 1.03 * 3.02 m
Dotación de ejidos
Diego Rivera, 1923-1924
Frescos 4.17 × 2.40, 4.15 × 2.40 y 4.19 × 2.39 m
Sobrepuertas 1.06 × 3.01 y 1.03 × 3.02 m

Dotación de ejidos

En esta composición pictórica que abarca tres murales y dos sobrepuertas, el artista recrea el reparto de las tierras, elemento de cohesión e identidad de nuestra nación derivado del movimiento agrario.

En el fresco central, la autoridad gubernamental señala los terrenos que serán distribuidos. Junto a ella están los ancianos, representantes de los campesinos, quienes son mediadores y testigos para que el traspaso de tierras se realice de manera justa y legal, mientras los terratenientes se muestran inconformes con estas decisiones. Entre la multitud del panel derecho se observan importantes personajes de la sublevación campesina, entre los que destacan el Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, quien junto a Otilio Montaño presencia la cristalización de uno de sus ideales. El mural izquierdo muestra al pueblo reunido en espera de que el reparto del ejido se lleve a cabo; asimismo, se aprecian dos hombres con instrumentos de medición para marcar los límites que la propia sociedad establecerá.

La comunidad representada en la obra celebra la dotación de ejidos, fruto importante de la lucha revolucionaria que se abonó a partir de la unión, fortaleza y tenacidad del pueblo mexicano.


La ofrenda. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.22 * 2.35 m
La ofrenda
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.22 × 2.35 m

La ofrenda

Los antiguos mexicanos creían que las almas de quienes fallecían se trasladaban a la región de los muertos y el trayecto duraba algunos años, en los cuales les ofrecía a los difuntos provisiones para ayudarles a seguir el camino hasta su lugar de reposo. Actualmente, la celebración del Día de Muertos forma parte de las costumbres y tradiciones de México, festividad que posee la esencia prehispánica, pero con características propias en cada región.

En esta escena una comunidad rural se reúne alrededor de una tumba, y ofrenda a sus muertos copal, arcos, coronas y una cruz de flores de cempasúchil. El arco, símbolo del destino, nos recuerda que cada persona tiene un camino por recorrer y terminará cuando el cuerpo muera, aunque, sus acciones perdurarán en la memoria de las nuevas generaciones.


La cena. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.19 * 2.33 m
La cena
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.19 × 2.33 m

La cena

Durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre, las familias mexicanas se preparan para recibir a sus difuntos. Los días de Todos los Santos y de Muertos se coloca un altar que contiene los cuatro elementos de la naturaleza: tierra, viento, fuego y agua representados con papel picado, alimentos, veladoras, flores, incienso o copal y bebidas que le agradaban a los seres queridos a quienes se les dedica la ofrenda.

En el mural el artista representa la ofrenda que se brinda a la llegada de las ánimas, ya que es el momento para estar cerca de los muertos y establecer un diálogo con los recuerdos. Esta comunión es un acto de memoria y reconocimiento para aquellos que dejaron una profunda huella con sus vidas, a esos que nunca morirán mientras perdure su esencia.


D�a de Muertos. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.22 * 3.78 m
Día de Muertos
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.22 × 3.78 m

Día de Muertos

En México, el culto a los difuntos es una celebración en la que estamos invitados a convivir con ellos, y se juega con la muerte al hacerle versos, ponerle sobrenombres, así como representarla en objetos artesanales. Es tan relevante que el 7 de noviembre del 2003 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la reconoció a nivel internacional debido a su valor cultural: “La festividad indígena dedicada a los muertos en México: obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”.

En el fresco, Diego Rivera representa una escena de esta tradición que se celebra en las calles de la ciudad, donde incorpora algunos personajes de la época, como Juan Silveti, Celia Montalván, Salvador Novo, Máximo Pacheco, Guadalupe Marín, Carmen Mondragón y a él mismo, quien se une a la multitud para disfrutar la verbena.

El tema central de la obra es una analogía entre la vida y la muerte que permite visualizar la actitud del hombre ante la fragilidad de su existencia y lo lleva a interiorizar sus sentimientos, así como a valorar el peso de sus acciones para encaminar el rumbo de su destino.


La quema de Judas. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.33 * 3.84 m
La quema de Judas
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.33 × 3.84 m

La quema de Judas

Los Judas son figuras de personajes repudiados por el pueblo debido a sus malas acciones. Se elaboran con alambres y carrizos recubiertos generalmente con la técnica de la cartonería o materiales propios de cada región, a los que se les colocan cohetes y pólvora para hacerlos estallar, son muestra del ingenio de los artesanos mexicanos. Se emplean en la celebración popular de origen religioso del Sábado de Gloria, y al quemarlos se pretende acabar con la maldad y la traición.

Diego Rivera, gran admirador y coleccionista de este arte, recrea al inicio del muro poniente la quema de Judas, donde la comunidad participa para destruir a los sujetos que representan las fuerzas opresoras de los grupos en el poder. Esta acción simboliza el rompimiento de los yugos que impiden la construcción de una organización social justa.


La asamblea. Diego Rivera, 1923-1924. Frescos 4.37 x 2.12 m, 4.43 x 2.11 m, 4.46 x 2.11 m y 4.48 x 2.11 m Sobrepuertas 1.06 x 3.02 m, 1.06 x 3.00 m y 1.06 x 3.00 m
La asamblea
Diego Rivera, 1923-1924
Frescos 4.37 × 2.12 m, 4.43 × 2.11 m, 4.46 × 2.11 m y 4.48 × 2.11 m
Sobrepuertas 1.06 × 3.02 m, 1.06 × 3.00 m y 1.06 × 3.00 m

La asamblea

El 1 de mayo de 1886 se realizaron manifestaciones de trabajadores industriales en varias ciudades de Estados Unidos de América para exigir mejores condiciones laborales, las cuales fueron reprimidas de manera violenta. Debido a ello, durante el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París entre el 14 y el 19 de julio de 1889, se fijó el 1 de mayo como el día para rendir tributo a los mártires de Chicago, conmemoración que con el paso del tiempo se convirtió en el Día del Trabajo.

En México, después del movimiento revolucionario de 1910, esta fecha se festeja con un desfile en el que participan diferentes organizaciones de trabajadores. Dicho tema significó tanto para el artista, que destinó cuatro muros y tres sobrepuertas para recrear escenas que muestran una congregación de obreros y campesinos. Entre la multitud del primer panel se reconoce a Pablo O'Higgins, León Venado, Guadalupe Marín y a Diego Rivera, en el último destacan Emiliano Zapata con Felipe Carrillo Puerto.

La obra es un reconocimiento a hombres y mujeres trabajadores, quienes desean un propósito común: la unidad. Las banderas rojas, a manera de grandes antorchas, iluminan el sendero que seguirán para la construcción de una civilización plena de armonía. Los personajes ubicados en los extremos inferiores de esta composición representan las luchas de obreros y campesinos, los cuales transmiten sus ideales a las nuevas generaciones, quienes como la tierra fértil reciben la semilla que fructificará en la sociedad anhelada.


El canal de Santa Anita. Diego Rivera, 1924. Fresco 4.63 * 2.89 m
El canal de Santa Anita
Diego Rivera, 1924
Fresco 4.63 × 2.89 m

El canal de Santa Anita

Por sus características naturales, Santa Anita fue un lugar propicio para el cultivo de flores y diversos productos vegetales. En la época prehispánica, sus habitantes tenían el deber de honrar a Xochiquetzal y Xochipilli, deidades de esta actividad, por ello realizaban ceremonias en su honor. A partir de la llegada de los españoles, este culto se fusionó con las ideas de la religión católica y dio lugar a la conmemoración del Viernes de Dolores o Viernes de las Amapolas, la cual coincide con la primavera, época de renovación y fertilidad de la naturaleza.

En la obra el pintor plasma al pueblo reunido en comunión junto al canal del agua, metáfora del cuerpo por el que fluye la vida y testigo de la coronación para aquellos que, como la madre tierra, han recibido la semilla de la conciencia social, la cual recompensará los esfuerzos de quienes la cultiven con abundantes frutos.


La danza de los listones. Diego Rivera, 1923-1924. Fresco 4.48 * 3.66 m
La danza de los listones
Diego Rivera, 1923-1924
Fresco 4.48 × 3.66 m

La danza de los listones

En la escena se fusionan elementos de dos danzas: de los listones y los arcos, con los que el hombre recrea efectos de la naturaleza en su anhelo de integración y reconocimiento como ser vivo. El artista representa al personaje central como un dios solar que derrama sus rayos multicolores que en comunión con la lluvia, representada por los arcos, fecundan la tierra. La música acompaña los pasos sincronizados de los danzantes en perfecta sincronía.

La obra alude a la unidad, respeto y compromiso que cada individuo asume en los ámbitos personal, social y natural.


Las lavanderas. Jean Charlot, 1923-1924. Fresco 4.60 * 2.39 m
Las lavanderas
Jean Charlot, 1923-1924
Fresco 4.60 × 2.39 m

Las lavanderas

Jean Charlot, pintor de origen francés y ayudante de Diego Rivera, dejó constancia de su producción artística en este tablero, donde muestra a varias mujeres tallando su ropa en un lavadero de uso colectivo, en el cual se propicia la interrelación y se transmite la cultura.

En el fresco, las protagonistas parecen soportar los embates de la vida como grandes pilares: dan soporte, construyen, fortalecen y transforman el destino de la sociedad.


El torito. Amado de la Cueva, 1923-1924. Fresco 4.58 * 2.89 m
El torito
Amado de la Cueva, 1923-1924
Fresco 4.58 × 2.89 m

El torito

El mexicano Amado de la Cueva recrea el arte efímero de la pirotecnia, tradición mexicana donde el personaje principal carga sobre su cabeza y hombros una estructura elaborada con carrizos y artificios de pólvora, en forma de torre, que representa al toro. La magia inicia al momento de encender la mecha del torito, pues el cielo se ilumina con luces multicolores que estallan, giran y silban para divertir a quienes intervienen u observan esta fiesta.

Los fuegos artificiales, como señal de las buenas nuevas, alumbran el camino para que el hombre enfrente, combata y destruya el mal con la esperanza de lograr una mejor existencia.


El tianguis. Diego Rivera, 1923-1924. Frescos 4.59 x 2.40 m, 4.60 x 2.37 m y 4.62 x 2.39 m. Sobrepuertas 1.09 x 3.02 m y 1.08 x 3.01 m
El tianguis
Diego Rivera, 1923
Frescos 4.59 × 2.40 m, 4.60 × 2.37 m y 4.62 × 2.39 m
Sobrepuertas 1.09 × 3.02 m y 1.08 × 3.01 m

El tianguis

Tianguis o tianquiztli es la palabra de origen náhuatl con la que se denominó en la época prehispánica al espacio público donde se realizaba el intercambio y venta de productos con puestos desmontables. El de Tlatelolco, del cual se tiene mayor conocimiento gracias a los cronistas de la Conquista, fue uno de los más importantes por su extensión, variedad de mercancías, organización, control y respeto a las normas.

Diego Rivera realiza en tres murales y dos sobrepuertas esta composición, alegoría de la fiesta de la vida, sitio de múltiples colores, aromas y sabores donde confluyen historias del pueblo mexicano.

La imagen del mercado recuerda que la diversidad cultural es una fortaleza que impulsa el desarrollo y progreso de la nación a través de las relaciones sociales, económicas, políticas y religiosas.


Los santiagos. Amado de la Cueva, 1923-1924. Fresco 4.66 * 2.34 m
Los santiagos
Amado de la Cueva, 1923-1924
Fresco 4.66 × 2.34 m

Los Santiagos

Esta danza surgió en España para recordar la expulsión de los árabes de la Península Ibérica y representa el apoyo que el apóstol Santiago brindó a los creyentes durante esas luchas. Posteriormente los frailes la adaptaron con el propósito de emplearla para evangelizar a los indígenas.

De la Cueva recrea al señor Santiago, quien con la espada desenvainada y montado en un caballo se dispone a lidiar con los personajes caracterizados con máscaras, garrotes y chimallis. Mientras el pueblo observa la escena, el templo es testigo permanente de la conquista espiritual.

El mural simboliza la lucha entre el ser y el deber ser de la naturaleza humana, a fin de lograr el equilibrio individual que se proyectará hacia la sociedad.


Los  cargadores. Jean Charlot, 1923-1924. Fresco 4.69 * 2.30 m
Los cargadores
Jean Charlot, 1923-1924
Fresco 4.69 × 2.30 m

Los cargadores

Desde las antiguas civilizaciones, el hombre ha recurrido al uso de la fuerza corporal para transportar cosas y edificar grandes construcciones.

En este fresco, el artista recrea el trabajo rudo al que son sometidos los mecapaleros o cargadores. La expresión de sus rostros y la postura de los cuerpos reflejan el cansancio por las grandes distancias que recorren en sus duras jornadas laborales.

El camino, metáfora de la vida por el cual todos los seres transitan, va acompañado de una carga que alude a las dificultades, acciones y decisiones que inciden en el trayecto de la existencia de cada individuo.


La zandunga. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.72 * 3.61 m
La zandunga
Diego Rivera, 1924
Fresco 4.72 × 3.61 m

La zandunga

Dentro de las aportaciones españolas a la cultura mexicana se encuentran determinados tipos de danzas y bailes que se incorporaron a nuestras tradiciones, dando origen a la construcción de un acervo mestizo. La zandunga, que se regionalizó en el sureste del estado de Oaxaca, es un ejemplo de esta fusión. Diego Rivera, cautivado por el colorido, la música y algarabía de la fiesta tehuana, inmortaliza en diversas obras a la altiva mujer zapoteca. Ataviada con el traje cubierto de flores bordadas y el esplendor de sus joyas seduce a los espectadores al realizar sus desplazamientos cadenciosos para transformarse en el centro del mundo.

La zandunga simboliza la comunión entre los hombres, quienes comparten la alegría por los frutos obtenidos con base en esfuerzo, dedicación y trabajo. Con esta imagen el pintor terminó la representación de las celebraciones que aún perviven en nuestro país, y con las que el pueblo mexicano festeja reunido y comparte lo mejor de sí.