Patio del Trabajo. Planta baja


Mural Los tejedores. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.71 * 3.67 m<
Los tejedores
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.71 × 3.67 m

Los tejedores

La obra recrea el arte de hilar y tejer, ocupación primordialmente femenina que en la época prehispánica fue considerado un don divino; posteriormente, durante el periodo colonial se establecieron centros de producción textil en los cuales se explotó la fuerza del trabajo indígena y se incorporó tanto a hombres como a mujeres en las faenas.

El fresco muestra el telar de pedal, estructura de madera, donde tres hombres con el torso desnudo tejen con destreza fibras o lanas multicolores para crear lienzos maravillosos.

A manera de tejido, el artista representa que la construcción social de la historia requiere del esfuerzo de todos los seres humanos que coinciden en un tiempo y espacio geográfico. El entramado social posrevolucionario de México fue el resultado de entrelazar los hilos de historias individuales.


Los tintoreros. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.71 x 2.13 m
Los tintoreros
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.71 × 2.13 m

Los tintoreros

El pueblo mexicano, orgulloso heredero de sus raíces prehispánicas, hace gala de su capacidad creadora al trabajar con materiales tintóreos, los cuales obtiene de la naturaleza, generalmente de tierras, plantas y animales, tradición que continúa en la actualidad.

Influido por la pintura europea, el artista plasma personajes de formas esbeltas y estilizadas de una comunidad istmeña, quienes tiñen hilos y lanas al aire libre, que luego servirán para la confección de los tejidos.

Así como los tintoreros se afanan en poner color a sus telas, el pueblo mexicano se empeña en la búsqueda de nuevos horizontes inspirados por los ideales de libertad y justicia.


Mujeres tehuanas. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.73 x 2.13 m
Mujeres tehuanas
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.71 × 2.13 m
Mujeres tehuanas. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.73 x 2.14 m
Mujeres tehuanas
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.71 × 2.14 m

Mujeres tehuanas

Con la ayuda de José Vasconcelos, Rivera encontró en el pueblo zapoteco la inspiración y fuerza para darle vitalidad a su obra pictórica. Captó a las tehuanas en actitudes cotidianas, caminando rumbo a la plaza con sus cántaros, canastos frutales y jicalpextles rebosantes de naturaleza viva.

Las istmeñas, como flores vivientes sembradas en tierra fértil, ofrecen la esencia de sus frutos que darán vitalidad a los hombres para conformar una próspera sociedad.

Como un homenaje a la mujer oaxaqueña, emprendedora y alegre, integrada a la naturaleza pródiga y abundante, el artista une a la tehuana y a la mareña, ataviadas con sus trajes regionales.

A semejanza de sacerdotisas prehispánicas, en este mural ambas mujeres ofrendan exquisitos obsequios que evocan un canto a la vida.

Distintas y fascinantes, las tehuanas son dueñas del sur, paraíso local de donde Rivera retoma la riqueza del paisaje tropical y el porte altivo de sus mujeres para plasmarlo en las imágenes de las orgullosas zapotecas.


La zafra. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.75 x 2.14 m
La zafra
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.75 × 2.14 m

La zafra

Introducida en América por los colonizadores, la caña de azúcar se adaptó rápidamente al suelo mexicano, pues la tierra fértil y las condiciones climáticas lo permitieron. Cuando la caña está madura se inicia la temporada de zafra, proceso donde se quema, corta y recolecta.

La imagen está ligada a la siembra y cosecha de los frutos de la tierra pródiga. Las líneas de las cañas de azúcar ligeramente inclinadas y las curvas montañosas aligeran la verticalidad de los árboles frutales y de los apacibles istmeños que conviven en una especie de comunión espiritual con la naturaleza.

Así como el campesino surca la tierra con el arado para esparcir la semilla, los hombres en armonía forjan el porvenir con sus acciones


El trapiche. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.74 x 3.67 m
El trapiche
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.74 × 3.67 m

El trapiche

Para dar continuidad al fresco de La zafra, el artista recrea el trapiche, lugar donde se realiza la molienda de la caña de azúcar para extraer el jugo. La cocción de este líquido propicia la evaporación del agua hasta obtener la melaza, que al ser vertida en moldes y solidificarse produce la panela o piloncillo. En los tres niveles de esta armoniosa composición se refleja una visión integral del trabajo coordinado en el rústico taller, donde algunas personas colocan cañas en el molino, los paileros mueven el melado y otros trabajadores vacían el jarabe en los recipientes para que se cristalice.

La obra es una metáfora del esfuerzo colectivo de los pueblos que se organizan y laboran conjuntamente para construir un mundo mejor.


Entrada a la mina. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.74 x 3.50 m
Entrada a la mina
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.74 × 3.50 m

Entrada a la mina

En México, a finales del siglo XIX, los inversionistas extranjeros emplearon a hombres, mujeres y niños en la industria minera donde se dedicaban a cavar túneles, buscar, recolectar o transportar minerales, con pésimas condiciones de seguridad, que propiciaban enfermedades y ocasionaban inundaciones, incendios o derrumbes. Estas circunstancias formaron parte de las inconformidades que originaron el movimiento revolucionario.

En La entrada a la mina se aprecia el inicio de una ardua jornada laboral donde los mineros pasan lentamente a través de un par de arcos para llegar a la bocamina. Ninguno cuenta con indumentaria apropiada y llevan sobre sus hombros maderos, picos y palas como si cumplieran una penitencia. Descienden resignados hacia el interior de la tierra bajo el peso de un trabajo esclavizante y peligroso.

Las líneas y formas de la entrada a la mina asemejan un rostro macabro que devora los anhelos de los seres oprimidos, sin embargo, la luz de la lámpara de los mineros se destaca como un destello de esperanza que los guiará al camino de su redención.

Los abusos contra los mineros eran frecuentes, la jornada de trabajo era de sol a sol, recibían un salario insignificante y carecían de derechos sindicales. En un árido paisaje, el pintor recrea una escena de injusticia laboral, donde los mineros reflejan la desesperanza en la que viven, al ser sometidos a las humillaciones del capataz extranjero.


Salida de la mina. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.74 x 3.50 m
Salida de la mina
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.74 × 3.50 m

Salida de la mina

El mural Salida de la mina, provocó un desacuerdo entre Diego Rivera y José Vasconcelos, ya que el artista escribió en el ángulo inferior izquierdo los versos de Carlos Gutiérrez Cruz, que a la letra dicen:

Compañero minero, doblegado bajo el peso de la tierra,
tu mano yerra cuando sacas metales para el dinero.
Haz puñales con todos los metales,
y así, verás que los metales
después son para ti.
Debido a la inconformidad del Secretario de Educación Pública, el muralista retiró esa parte del fresco, transcribió el poema en un papel, lo guardó en un frasco y terminó emparedándolo en la obra, a fin de que conservara su esencia en totalidad.

El conjunto de imágenes evoca la explotación del hombre por el hombre, generada a lo largo de la historia. El personaje central, con sus brazos abiertos, simboliza el sacrificio que servirá como base para edificar una sociedad que viva en libertad.


Abrazo. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.72 x 1.84 m
Abrazo
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.74 × 1.84 m

Abrazo

En este panel se observa el abrazo entre un campesino y un obrero al centro del paisaje, donde el color ocre refleja la aridez del entorno.

Para ilustrar el mural, Diego Rivera emplea un poema de Carlos Gutiérrez Cruz, que inscribe en la parte inferior izquierda:

Jornaleros del campo y la ciudad desheredados de la libertad.
Hagan más fuerte el lazo
que los une en la lucha y el dolor,
y la fecunda tierra florecerá un abrazo de fuerza y de amor.
Ya después de ese abrazo no pagarán tributos ni mercedes,
y el potrero y la máquina darán todos sus frutos para ustedes.

En la imagen se manifiesta la unión de los hombres identificados por sus sacrificios e ideales, hermandad que los lleva a crear nuevas perspectivas de vida.


Campesinos. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.74 x 2.43 m
Campesinos
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.72 × 2.43 m

Campesinos

La agricultura es la base fundamental en el desarrollo de la humanidad porque le permitió al hombre establecerse definitivamente en lugares propicios para su auto sustento.

En esta imagen, las mujeres juegan un papel importante en el trabajo agrícola, pues resguardan los frutos de la tierra en sus regazos. Las formas triangulares de ellas semejan silos donde se deposita el grano.

Los personajes representados aguardan apaciblemente el momento para distribuir la semilla de la conciencia que permitirá la renovación del hombre.


Conjunto panor�mico de murales el abrazo y campesinos

Las montañas han sido consideradas como elementos de unión entre el cielo y la tierra en la historia de la humanidad. Estos áridos paisajes forman parte de una composición de cuatro murales y tres sobrepuertas que constituyen el eje temático que remite a las poblaciones mineras y agrícolas de nuestro país.

En las yermas cordilleras, dueñas de plasticidad, belleza y majestuosidad se ubica el caserío empobrecido y abandonado como evidencia de la ruptura social anterior al cambio.


Capataz. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.72 x 2.15 m
Capataz
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.72 × 2.15 m

Capataz

El capataz, empleado de confianza del hacendado, era el encargado de controlar, distribuir y supervisar el trabajo de los jornaleros dentro de la finca. Este personaje se representa en el mural con actitud amenazadora ante los indefensos campesinos, víctimas de la explotación.

Afuera de la hacienda se ha iniciado un movimiento para la transformación del pensamiento; sin embargo, el peso del sometimiento que ha sufrido el hombre marca una profunda huella de la que sólo se liberará al romper sus barreras.


Alfareros. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.75 x 3.22 m
Alfareros
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.75 × 3.22 m

Alfareros

Desde tiempos remotos, la alfarería le ha permitido al hombre elaborar objetos de uso doméstico y ritual. Los alfareros, con manos sensibles y creadoras, transforman el barro en pequeñas y grandes obras de una riqueza extraordinaria.

En la imagen se recrea el trabajo de los artesanos como metáfora de la conformación del nuevo hombre, quien con sus grandes virtudes transformará su sociedad.


La fundición. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.75 x 3.36 m
La fundición
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.75 × 3.36 m

La fundición

La metalurgia es una de las actividades productivas más importantes de nuestro país. En este fresco, el artista recrea parte del proceso de la fundición, donde el fuego abrasador derrite el metal y algunos obreros intentan romper el crisol, mientras otros esperan la salida del material incandescente.

Dicha composición simboliza la estática social fracturada por la Revolución, movimiento que se constituye como elemento purificador, moral e intelectual, que hará resplandecer a la nueva nación mexicana.


Minería. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.68 x 2.10 m
Minería
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.68 × 2.10 m

Minería

Una vez más, el pintor evidencia la explotación de los trabajadores, quienes extraen los minerales de la cantera a cielo abierto bajo las inclemencias del tiempo. Sus manos ásperas y el rostro oculto reflejan la nula esperanza de vida.

Todos se ubican en tres planos, en los cuales se aprecia a quienes abren la veta, pican la piedra y palean el material con que llenan el contenedor que se llevará a los grandes depósitos para iniciar su depuración.

Así como los mineros se esfuerzan para extraer de la tierra sus riquezas, la sociedad busca el bien común para dar lugar a una nueva nación redimida.


La liberación del peón. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.74 x 3.67 m
La liberación del peón
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.74 × 3.67 m

La liberación del peón

En este mural se representa la lucha social que imperaba durante la Revolución Mexicana. Al fondo, con una hacienda saqueada e incendiada se muestra el repudio hacia los ricos debido a la explotación del pueblo. En la parte central, despojado de su ropa sobre la que reposa la hoz, un peón es liberado de los amarres y sus compañeros lo cubren con una mortaja roja.

La obra es una metáfora de la liberación del yugo y sufrimiento vividos por los seres humanos, quienes con su lucha, sacrificio y muerte encuentran la transformación y redención.


La maestra rural. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.55 x 3.27 m
La maestra rural
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.55 × 3.27 m

La maestra rural

Este mural es de gran importancia porque representa a las Misiones Culturales, proyecto educativo de José Vasconcelos, que consistía en llevar la educación a los más necesitados, asignando maestros en regiones lejanas y dotando de libros a las comunidades rurales.

Es la primera obra del artista donde representa a la mujer desempeñando una tarea trascendental: alfabetizar a todos por igual, por ello destaca a la maestra rural rodeada por mujeres, ancianos y niños, quienes escuchan atentos su explicación.

El fresco se integra por diversos elementos alusivos a los beneficios que produjo la Revolución, pues a lo lejos se observan las majestuosas montañas y dos personas realizando una construcción. En seguida se encuentra una yunta en la que hombres con la ayuda de animales efectúan afanosamente su labor agrícola. Por último y para completar la escena, se aprecia un revolucionario a caballo al lado de la maestra y sus oyentes.

La composición alude a la construcción de una nueva escuela que contribuirá a introducir el conocimiento en la conciencia del pueblo mexicano.


Campesino. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.49 x 1.09 m
Campesino
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.49 × 1.09 m

Campesino

El artista presenta un campesino en actitud reflexiva, consciente de su condición social y de la necesidad de cambio. Con líneas rectas y rasgos duros, dibuja a un hombre con un arma rústica, dispuesto a la lucha armada.

Este personaje se encuentra parado sólidamente sobre una enorme roca lisa y redonda, alegoría de la firme determinación que asume ante las reacciones sociales que genera el movimiento revolucionario.

El mural también hace alusión al pasaje bíblico de David y Goliat, en el cual el pequeño David le lanza al gigante una piedra con la honda y logra matarlo, demostrando que razonamiento e inteligencia superan la fuerza.


Conjunto panor�mico de murales

Este fresco forma parte de una composición con cuatro murales y tres sobrepuertas que adquieren unidad al integrar las montañas como parte de la temática plasmada. Justo entre los murales La liberación del peón y La maestra rural se encuentra el panel más significativo, que Luis Cardoza y Aragón señala como “La tierra incendiada y envuelta en luz por las luchas ”.

En toda la obra plasmada en el Patio del Trabajo, planta baja, se observa un cielo oscuro como sinónimo de desesperanza por las condiciones de explotación del pueblo; no obstante, la luz que irradia la imagen central de este panel, en la sobrepuerta, anuncia que a través de la emancipación del campesino y la educación habrá un nuevo amanecer para el México posrevolucionario.


La fundición. Diego Rivera, 1923. Fresco 4.37 x 3.14 m
La fundición
Diego Rivera, 1923
Fresco 4.37 × 3.14 m

La fundición

Diego Rivera recrea en el mural otro proceso de la fundición, donde emplea figuras geométricas para configurar la maquinaria, apoyo del hombre que aminora el esfuerzo de su labor.

Los obreros muestran el dominio que poseen sobre el material incandescente, metáfora de la organización que requiere el hombre para moldear y dar forma a los valores y principios de la nueva generación.

Esta escena es el antecedente de la magnífica obra que el artista realizó en algunas ciudades de Estados Unidos, pues retoma la idea del progreso industrial, científico y tecnológico que contribuye a la evolución social.