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Patio de las fiestas. Ex Templo de Santa María de la Encarnación del Divino Verbo


Salón Iberoamericano


La uni�n de la Am�rica Latina. Roberto Montenegro, 1924. Fresco 15.00 * 9.19 m
La unión de América Latina
Roberto Montenegro, 1924
Fresco 15.00 × 9.19 m

La unión de América Latina

Una de las acciones trascendentales del proyecto educativo de José Vasconcelos fue la creación de bibliotecas en el país. Destaca la Biblioteca Iberoamericana que se estableció en la nave del Ex Templo de Santa María de la Encarnación del Divino Verbo de 1924 a 1985. De acuerdo con la visión vasconcelista, Roberto Montenegro la decoró con murales que aluden a la unión de los pueblos latinoamericanos.

En este fresco, con una superficie de 137.85 m2, sobresale el color ocre de la cartografía de Latinoamérica, con imágenes que reflejan su riqueza natural y cultural. En la parte inferior se ubica una mujer de tez morena y roja cabellera, quien parece surgir de un árbol con los brazos abiertos, y en sus manos sostiene un martillo y una antorcha semejante a una hoz. De igual manera se aprecian representaciones de los descubridores y conquistadores de América Latina: Hernán Cortés, Américo Vespucio, Cristóbal Colón, Francisco Pizarro y Vasco Núñez de Balboa; también figuran los libertadores Miguel Hidalgo, José de San Martín, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y Alcalá, y Joaquim José da Silva Xavier (Tiradentes). A los pies de estos personajes, el muralista incluye a mujeres en cuclillas que mantienen entre sus manos una flama a manera de ofrenda, y en los extremos se localizan hombres de rasgos prehispánicos. Enmarcados por dos óvalos se identifica a Juan Ruiz de Alarcón y Rubén Darío, representantes de las letras hispanoamericanas.

El mural es símbolo de una América Latina sólida, iluminada por el fuego de la libertad, cuyos cimientos tienen su fortaleza en las raíces históricas y la memoria de sus pueblos. Estos elementos, aunados al trabajo, permiten al nuevo hombre latinoamericano proyectarse hacia mejores horizontes.


Cartela de Fray Servando Teresa de Mier. Roberto Montenegro, 1924. Fresco 5.18 * 2.78 m
Cartela de Fray Servando Teresa de Mier
Roberto Montenegro, 1924
Fresco 5.18 × 2.78 m

Cartela de Fray Servando Teresa de Mier

La obra recrea una expresión pictórica heredada de la época virreinal, en la cual se realizaban retratos para identificar personajes de cierta jerarquía, acompañados con cartelas (espacio rectangular con texto) donde se enunciaban sus obras y atributos principales. Roberto Montenegro realizó el retrato de Fray Servando Teresa de Mier y transcribió en la cartela parte del discurso que el fraile dirigió al Congreso de Anáhuac el 13 de marzo de 1824, en el cual solicitó que el venezolano Simón Bolívar fuera ciudadano de la República mexicana, debido a sus servicios patrióticos, valor y virtudes.

En la parte inferior se encuentra otra inscripción referente al año en que se decoró este lugar y se fundó la biblioteca y Sala de Banderas Hispanoamericanas, época en la que Álvaro Obregón era Presidente de la República y José Vasconcelos Secretario de Educación. Asimismo, Montenegro reprodujo el discurso de Mier como homenaje al primer esfuerzo realizado en México por la unión de la América Latina.

El mural, como espejo de la historia, refleja y testifica las obras que realizaron grandes hombres para orientar el rumbo de los pueblos hacia el florecimiento de sus ideales.


Escudos de México, Universidad de México y España. Roberto Montenegro, 1924. Fresco 2.90 metros cuadrados
Escudos de México, Universidad de México y España
Roberto Montenegro, 1924
Fresco 2.90 m2

Escudos de México, Universidad de México y España

Los escudos tienen la función de identificar a individuos, gremios, asociaciones, instituciones, ciudades o territorios; por medio de ellos se distingue y reconoce el linaje o la importancia de quienes los ostentan.

Al centro de esta sobrepuerta, el artista plasma el escudo, creado por José Vasconcelos, de la entonces Universidad Nacional de México, al cual le incluye en la parte superior dos divisas alusivas al nombre de la institución y el año en que se realizó el mural. Esta obra se encuentra flanqueada por el emblema referente a la fundación de México-Tenochtitlán y al blasón que representa a la monarquía española.

Estos emblemas, parte de la herencia cultural, rememoran el origen y fortalecen la identidad del pueblo mexicano, quien comparte con las naciones hermanas sus raíces, un pasado común y el compromiso de los hombres para el engrandecimiento de América Latina.


Salón Nishizawa


La imagen del hombre. Luis Nishizawa, 1991. Cer�mica vidriada 5.93 x 9.21 m
La imagen del hombre
Luis Nishizawa, 1991
Cerámica vidriada 5.93 × 9.21 m

La imagen del hombre

El artista mexiquense Luis Nishizawa hizo un reconocimiento al hombre contemporáneo aplicando una técnica plástica innovadora. La imagen principal es un rostro de perfil con rasgos mayas que nace de la mazorca del maíz, el cual alude a la mitología narrada en el Popol Vuh. En la parte inferior, el Sol y la Luna hacen referencia a la leyenda mexica del Quinto Sol, ambas cosmogonías prehispánicas se encuentran rodeadas por órbitas atómicas sostenidas en los extremos por dos manos: una está sujeta a la rueda dentada y la otra permanece abierta. En la composición también se aprecian un satélite artificial, una oreja, el ojo al centro de otra mano extendida y la representación oriental del yin-yang.

Esta creación simboliza al hombre que tiene presente su origen y esencia con los cuales se reconoce como ser racional, inherente a la naturaleza y capaz de generar el conocimiento que le brinda la oportunidad de transformar su propio universo a partir de la libertad de pensamiento y la creatividad.


Auditorio Miguel Hidalgo


Artes y oficios . Federico Canessi y Eric Mose, 1931
Artes y oficios
Federico Canessi y Eric Mose, 1931

Artes y oficios

El espacio que ocupa actualmente el Auditorio Miguel Hidalgo fue sede del Teatro Orientación fundado en 1931, y funcionó como tal durante diez años. Su decoración estuvo a cargo de los artistas Federico Canessi y Eric Mose.

El acervo pictórico del lugar consta de 16 paneles que en algún momento sufrieron daños en su estructura original al ser cubiertos con diversos materiales, razón por la cual permanecieron ocultos durante varias décadas. No obstante, cuando se llevaron a cabo labores de reestructuración y restauración del Ex Templo de Santa María de la Encarnación del Divino Verbo, los trabajadores se percataron de la existencia de estas obras, situación que dio pie a una ardua tarea para recuperar el legado artístico de los dos muralistas.

En la serie de paisajes de estos murales se destaca la presencia de hombres y mujeres. En el muro norte, las figuras femeninas demuestran parte de la riqueza natural y artesanal de nuestro país al portar semillas, frutos, papel amate, jícaras laqueadas, cántaros y canastos. En el muro sur, personajes masculinos trabajan las artes y las ciencias, entre las que se distinguen la pintura, música, arquitectura, escultura, literatura y astronomía. En el muro oriente, una pareja de campesinos representa el trabajo del campo: él sujeta una hoz, mientras ella sostiene entre sus manos plantas de maíz y trigo.

Este conjunto de imágenes simboliza la interacción que los seres humanos establecen con su entorno, la cual les brinda la oportunidad de crear y expresarse a través de la ciencia y el arte. Al igual que la naturaleza, el pensamiento del hombre florecerá pleno de bondades como tierra fértil.


Encuentro de dos culturas o El mestizaje. Ra�l Anguiano, 1993
Encuentro de dos culturas o El mestizaje
Raúl Anguiano, 1993
Acrílico sobre yute 2.40 × 1.22 m (panel izquierdo), 4.20 × 5.04 m (panel central) y 2.40 × 1.22 m (panel derecho)

Encuentro de dos culturas o El mestizaje

En esta obra el artista jalisciense Raúl Anguiano recrea el encuentro del mundo prehispánico con el español, acontecimiento que dio origen a una nueva sociedad conformada por la fusión cultural de ambos pueblos.

Al centro del mural se aprecia una ceiba, árbol sagrado para los antiguos mayas, del cual surge la cruz, símbolo de la conquista espiritual; de su raíz emerge la nueva familia intercultural formada por el español Gonzalo Guerrero, una mujer maya y su hijo mestizo. A la derecha se observa un indígena que esculpe un monolito de la diosa Coatlicue, y detrás de ella se distinguen Hernán Cortés y Malintzin. A la izquierda, Fray Bartolomé de las Casas reconforta a dos indígenas. Junto a ellos tanto el navío como la espada clavada en la tierra significan el descubrimiento y conquista de América. En la parte superior, entre la rama que da forma al cuerpo de Quetzalcóatl sobresalen la imagen de Sor Juana Inés de la Cruz y el rostro de Cuauhtémoc. En el extremo opuesto se encuentran Miguel de Cervantes Saavedra y José Vasconcelos, célebres por sus contribuciones literarias a la cultura. Integrados al follaje, destacan la serpiente y el águila como alusión a las culturas mesoamericanas.

La conjunción de estos elementos, representa el nacimiento del mestizaje que se nutre con la savia de la historia, la cual con sus extensas y profundas raíces da firmeza a nuestro presente, contribuyendo a redescubrir y valorar la esencia que da grandeza a esta nación.


Patio de los Lavaderos


Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz e Inscripción. Roberto Montenegro, 1930. Fresco 2.07 * 1.40 m
Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz e Inscripción
Roberto Montenegro, 1930
Fresco 2.07 × 1.40 m

Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz e Inscripción

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel Nepantla, Estado de México. Aprendió a leer y escribir a muy temprana edad, lo cual le permitió adquirir grandes conocimientos. Ingresó a la orden religiosa de San Jerónimo y profesó el 24 de febrero de 1669 con el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz.

Fue la más notable poeta de la época virreinal y debido a la importancia de su producción literaria se le reconoce como la “Décima Musa”. Poseía una amplia biblioteca, así como una colección de instrumentos científicos y musicales que reflejaban su interés por aprender.

Roberto Montenegro representa a la monja jerónima emulando el retrato del siglo XVIII realizado por el pintor Miguel Cabrera. En la parte inferior del mural incluye un texto que sintetiza datos relevantes sobre su vida, donde señala que la religiosa murió a la edad de 43 años, cinco meses, cinco días y cinco horas.

En la imagen, la musa dirige su mirada al oriente como símbolo de la luz que iluminó sus anhelos y los de aquellas personas que se esfuerzan para acceder al conocimiento. Juana de Asbaje demostró que sólo basta una oportunidad para liberar el pensamiento y transformarlo en letras para trascender en el tiempo y espacio.